La obra La Señora Dalloway, de Virginia Woolf, da
cuenta sobre la influencia tanto de la Historia de Europa, como del mismo
estado mental de la autora. Por un lado, Clarissa y Septimus reflejan una
constante depresión y resignación a la vida, alimentados con alucinaciones y
eventos que reflejan una insanidad mental por parte de ambos. Por otro,
Septimus se ve notablemente afectado por los eventos ocurridos en la Gran
Guerra, pues su constante depresión, que lo llevará a la muerte, se debe a que
ha vuelto de participar en el conflicto armado.
Virginia
Woolf, durante toda su vida, padeció de episodios maníacos que, en parte pueden
ser explicados mediante su historia. Sus padres se casaron luego de que habían
enviudado en su primer matrimonio, la familia estaba compuesta por hijos de los
matrimonios anteriores de sus padres, incluso se especula que sus hermanos
mayores abusaron sexualmente en un grado de Virginia y su hermana (García, 71).
Virginia,
durante toda su adolescencia, pasó por diferentes tipos de episodios de
trastorno mental, incluso llegó a caer en una depresión. Existen registros de
los episodios maníacos de Woolf, siendo los más intensos desde los 12-19 años,
en los cuales escuchaba voces y veía alucinaciones, y bajando su regularidad
desde los 20 años en adelante, coincidiendo con el momento en el que comenzó a
escribir sus grandes obras literarias. Woolf utilizaba sus trastornos mentales
para adquirir material literario, durante sus episodios, repetía frases con
incoherencia en cuanto a la realidad, las grababa en su memoria y luego las
integraba en sus narraciones. También declaraba que la literatura la ayudaba en
parte a curarse de su enfermedad. (García,
78). Quizás su suicidio se vio influenciado por su incapacidad de leer y
escribir, pues en su carta de despedida expresa que las voces ya no la dejan
pensar ni escribir historias.
La técnica
narrativa de Virginia Woolf estuvo caracterizada por una inmersión exhaustiva
dentro de la consciencia de los personajes que componen sus historias. En este
sentido, es más trascendente para la autora dar cuenta sobre los sentimientos y
recuerdos que caracterizan la mente de las personas, que entregar detalles
sobre el hilo argumental en sí.
Es
precisamente este singular estilo narrativo el que permite, en cierta medida,
extraer rasgos sobre la mentalidad de los personajes, sobre su personalidad, y
para el objetivo de este ensayo, del grado de cordura o locura del que padecen.
Siguiendo esta afirmación, es que Clarissa Dalloway y Septimus Warren,
representan, de alguna forma u otra, etapas de sanidad e insanidad mental, que
pueden estar relacionados en cierta medida con la propia vida de la autora,
Virginia Woolf.
Clarissa
Dalloway es un personaje que presenta una dualidad a lo largo del transcurso de
la fiesta en la que se desarrolla la obra. Puede identificarse en ella, una
sensación de estar en una constante melancolía y depresión. Como señala
Ortolano “se ve a misma ya muerta, pero viva a la vez en las personas que la
acompañaron y aún en las cosas que de
algún modo le pertenecieron…” (82), pero que intenta, de alguna forma, subsanar
en los buenos momentos. A ratos, Clarissa comienza a recordar sobre aquellas
cosas que, a modo de refugio para ella, le permiten sentirse confortable. El
recuerdo de una sirvienta, de la cual siempre estuvo enamorada, pero de la que
huye por los tabúes; el consuelo de que Richard Walsh al menos le permite vivir
en círculo aristócrata lleno de comodidades, pero el precio es que su esposo,
Peter Walsh, no la ama realmente, sino que tiene otra esposa en la India, y recurre a
Clarissa cuando la extraña luego de algunos años.
Septimus es
un personaje que posee nexos con Clarissa, precisamente en este constante
sentimiento de muerte en vida. Padece de una fuerte locura que lo conduce a una
constante depresión. El fluir de la consciencia de la obra literaria permite
retratar un cuadro de la condición mental de Septimus. Existen fragmentos en
los cuales se pueden identificar fuertes alucinaciones, como cuando estaba en
el parque con Rezia, y comienza a ver en algo tan común y cotidiano, como unos
árboles y unas hojas, una serie de colores y pensamientos que resultan
incoherentes con la realidad, incluso llega a escuchar a los pájaros cantar en
griego –según los registros de los episodios maníacos de Virginia, ella misma alucinó
con estos pájaros (García, 70)-. Rezia finalmente, debe huir a la pileta del
parque, pues no soporta ver a Septimus en ese estado.
El
personaje, además, representa la depresión post guerra. Cabe mencionar que Woolf
escribió La Señora Dalloway durante
el período de entreguerras. Septimus es un hombre que vivó todas las
atrocidades de la Gran Guerra, producto de esto, los acontecimientos quedaron
marcados en su consciencia, generando en él una insanidad mental de la que no podrá
curarse, pues acaba quitándose la vida, lanzándose por una ventana.
La Gran
Guerra, como señala el historiador Eric Hobsbawm, supuso una instancia de
destrucción material, pero más que nada, una desintegración de los Derechos
Humanos de la sociedad civil. La matanza masiva y sistemática de personas, el
traslado de la guerra a las ciudades, el objetivo de debilitar al adversario
mediante la destrucción de sus ciudadanos, hizo de este conflicto un punto de
inflexión en la historia de Europa, en el sentido de que jamás se había
presenciado un conflicto armado de esta magnitud. Las personas, inclusive,
llegaron a pensar que la Gran Guerra conllevaría al fin del mundo.
La
consciencia de Septimus no puede comprenderse a cabalidad sin recordar este
cruento evento de la historia. Su demencia, sus alucinaciones, su constante
sensación de depresión y deseo de morir, se ven trastocados por las matanzas
que tuvo que presenciar al participar de la Primera Guerra Mundial. La vida de
Septimus cayó en picado desde que volvió del conflicto armado, ni siquiera su
esposa Rezia es capaz de soportar sus espasmos y eventos de locura, pues huye
desesperadamente huye de él al percatarse de sus sobresaltos.
La obra La Señora Dalloway, en conclusión,
retrata la locura, producto de su técnica narrativa del monólogo interior, que
expresa los pensamientos desde la perspectiva de los mismos personajes que los
viven. Clarissa y Septimus son representaciones de la insanidad mental, que en
parte, retratan la vida de la misma autora, Virginia Woolf, quien sufría de
crisis maníacas. Además, la Gran Guerra (1914-1917) influencia la narración,
pues Septimus participó del conflicto, que gatilló el deterioro de su cordura.
Bibliografía
García,
Rebeca. “Virginia Woolf: Caso clínico”. Virginia
Woolf… Originales y Revisiones. 60-97
Hobsbawm,
Eric. La época de la Guerra Total
Ortolano,
Mariel. “Virginia y la locura: el universo fragmentado de Mrs. Dalloway de
Virginia Woolf”. Revista Científica de
literatura. Otoño 2011. 77-85
Woolf, Viriginia.
La Señora Dalloway
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