miércoles, 7 de diciembre de 2016

La Señora Dalloway: Una historia retratada en la locura y la guerra.

La obra La Señora Dalloway, de Virginia Woolf, da cuenta sobre la influencia tanto de la Historia de Europa, como del mismo estado mental de la autora. Por un lado, Clarissa y Septimus reflejan una constante depresión y resignación a la vida, alimentados con alucinaciones y eventos que reflejan una insanidad mental por parte de ambos. Por otro, Septimus se ve notablemente afectado por los eventos ocurridos en la Gran Guerra, pues su constante depresión, que lo llevará a la muerte, se debe a que ha vuelto de participar en el conflicto armado.

Virginia Woolf, durante toda su vida, padeció de episodios maníacos que, en parte pueden ser explicados mediante su historia. Sus padres se casaron luego de que habían enviudado en su primer matrimonio, la familia estaba compuesta por hijos de los matrimonios anteriores de sus padres, incluso se especula que sus hermanos mayores abusaron sexualmente en un grado de Virginia y su hermana (García, 71).

Virginia, durante toda su adolescencia, pasó por diferentes tipos de episodios de trastorno mental, incluso llegó a caer en una depresión. Existen registros de los episodios maníacos de Woolf, siendo los más intensos desde los 12-19 años, en los cuales escuchaba voces y veía alucinaciones, y bajando su regularidad desde los 20 años en adelante, coincidiendo con el momento en el que comenzó a escribir sus grandes obras literarias. Woolf utilizaba sus trastornos mentales para adquirir material literario, durante sus episodios, repetía frases con incoherencia en cuanto a la realidad, las grababa en su memoria y luego las integraba en sus narraciones. También declaraba que la literatura la ayudaba en parte a curarse de su enfermedad.  (García, 78). Quizás su suicidio se vio influenciado por su incapacidad de leer y escribir, pues en su carta de despedida expresa que las voces ya no la dejan pensar ni escribir historias.

La técnica narrativa de Virginia Woolf estuvo caracterizada por una inmersión exhaustiva dentro de la consciencia de los personajes que componen sus historias. En este sentido, es más trascendente para la autora dar cuenta sobre los sentimientos y recuerdos que caracterizan la mente de las personas, que entregar detalles sobre el hilo argumental en sí.

Es precisamente este singular estilo narrativo el que permite, en cierta medida, extraer rasgos sobre la mentalidad de los personajes, sobre su personalidad, y para el objetivo de este ensayo, del grado de cordura o locura del que padecen. Siguiendo esta afirmación, es que Clarissa Dalloway y Septimus Warren, representan, de alguna forma u otra, etapas de sanidad e insanidad mental, que pueden estar relacionados en cierta medida con la propia vida de la autora, Virginia Woolf.

Clarissa Dalloway es un personaje que presenta una dualidad a lo largo del transcurso de la fiesta en la que se desarrolla la obra. Puede identificarse en ella, una sensación de estar en una constante melancolía y depresión. Como señala Ortolano “se ve a misma ya muerta, pero viva a la vez en las personas que la acompañaron y aún en las cosas  que de algún modo le pertenecieron…” (82), pero que intenta, de alguna forma, subsanar en los buenos momentos. A ratos, Clarissa comienza a recordar sobre aquellas cosas que, a modo de refugio para ella, le permiten sentirse confortable. El recuerdo de una sirvienta, de la cual siempre estuvo enamorada, pero de la que huye por los tabúes; el consuelo de que Richard Walsh al menos le permite vivir en círculo aristócrata lleno de comodidades, pero el precio es que su esposo, Peter Walsh, no la ama realmente, sino que  tiene otra esposa en la India, y recurre a Clarissa cuando la extraña luego de algunos años.

Septimus es un personaje que posee nexos con Clarissa, precisamente en este constante sentimiento de muerte en vida. Padece de una fuerte locura que lo conduce a una constante depresión. El fluir de la consciencia de la obra literaria permite retratar un cuadro de la condición mental de Septimus. Existen fragmentos en los cuales se pueden identificar fuertes alucinaciones, como cuando estaba en el parque con Rezia, y comienza a ver en algo tan común y cotidiano, como unos árboles y unas hojas, una serie de colores y pensamientos que resultan incoherentes con la realidad, incluso llega a escuchar a los pájaros cantar en griego –según los registros de los episodios maníacos de Virginia, ella misma alucinó con estos pájaros (García, 70)-. Rezia finalmente, debe huir a la pileta del parque, pues no soporta ver a Septimus en ese estado.

El personaje, además, representa la depresión post guerra. Cabe mencionar que Woolf escribió La Señora Dalloway durante el período de entreguerras. Septimus es un hombre que vivó todas las atrocidades de la Gran Guerra, producto de esto, los acontecimientos quedaron marcados en su consciencia, generando en él una insanidad mental de la que no podrá curarse, pues acaba quitándose la vida, lanzándose por una ventana.

La Gran Guerra, como señala el historiador Eric Hobsbawm, supuso una instancia de destrucción material, pero más que nada, una desintegración de los Derechos Humanos de la sociedad civil. La matanza masiva y sistemática de personas, el traslado de la guerra a las ciudades, el objetivo de debilitar al adversario mediante la destrucción de sus ciudadanos, hizo de este conflicto un punto de inflexión en la historia de Europa, en el sentido de que jamás se había presenciado un conflicto armado de esta magnitud. Las personas, inclusive, llegaron a pensar que la Gran Guerra conllevaría al fin del mundo.  

La consciencia de Septimus no puede comprenderse a cabalidad sin recordar este cruento evento de la historia. Su demencia, sus alucinaciones, su constante sensación de depresión y deseo de morir, se ven trastocados por las matanzas que tuvo que presenciar al participar de la Primera Guerra Mundial. La vida de Septimus cayó en picado desde que volvió del conflicto armado, ni siquiera su esposa Rezia es capaz de soportar sus espasmos y eventos de locura, pues huye desesperadamente huye de él al percatarse de sus sobresaltos.

La obra La Señora Dalloway, en conclusión, retrata la locura, producto de su técnica narrativa del monólogo interior, que expresa los pensamientos desde la perspectiva de los mismos personajes que los viven. Clarissa y Septimus son representaciones de la insanidad mental, que en parte, retratan la vida de la misma autora, Virginia Woolf, quien sufría de crisis maníacas. Además, la Gran Guerra (1914-1917) influencia la narración, pues Septimus participó del conflicto, que gatilló el deterioro de su cordura.



Bibliografía
García, Rebeca. “Virginia Woolf: Caso clínico”. Virginia Woolf… Originales y Revisiones. 60-97
Hobsbawm, Eric. La época de la Guerra Total
Ortolano, Mariel. “Virginia y la locura: el universo fragmentado de Mrs. Dalloway de Virginia Woolf”. Revista Científica de literatura. Otoño 2011. 77-85
Woolf, Viriginia. La Señora Dalloway



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